Los 100 mejores guitarristas argentinos: del 40 al 49

Seguimos con el listado con los más grandes violeros de nuestra historia: el Tano Romano, León Gieco, Kabusacki, Sarcófago y más; mirá los puestos y opiná.

 RUIDO BLANCO Cristian Aldana de El Otro Yo: el sonido de Pixies y Sonic Youth traducido en Temperley.

 40. Antonio Romano
Guitarrista clásico del heavy nacional, Antonio "Tano" Romano logró acercar el metal clásico al machaque thrash en sus grupos más emblemáticos: Hermética y Malón. Arrancó como casi todos: sacando callos con una criolla y sin profesores, tocando los temas de Creedence y Vox Dei que se empeñaba en emular a la perfección. Hasta que Black Sabbath se convirtió en su mayor influencia y decidió fundar su propia banda, Cerbero, pioneros del rock pesado argentino que ya en los 80 prestigiaba el uniforme de cuero y tachas. Una vez separado V8, Ricardo Iorio pidió que le trajeran a un tal "Tano" que la venía rompiendo en el Oeste. El bajista y cantante hablaba de Claudio Marciello, pero su interlocutor se confundió y llamó a Romano: así de fortuito fue su desembarco en Hermética, grupo al que le aportó varias canciones y un sonido de guitarra que hasta el momento no se había escuchado en el metal local. Luego formó Malón, Visceral y Razones Concientes, y comenzó una carrera solista desde la que protege su particular estilo para tocar heavy-metal.


41. Willy Gardi
Willy Gardi es para muchos una leyenda viva. Desde Ramos Mejía, inyectó poder y color al sonido de El Reloj, todo un rara avis hard-rock para la escena de principios de los 70, repartida entre el sonido post-beat, la progresiva y el blues. El Reloj había elegido su nombre por la precisión puesta de manifiesto en cada tormenta eléctrica que desataban. Pero, además, el poder de intimidación del "primer grupo heavy argentino", según Ricardo Iorio, se asentaba, precisamente, en el virtuosismo y sentimiento de Gardi: un guitarrista de variados recursos y formidable resolución. "Tenía una digitación increíble. Cuando ellos empezaron yo era un pibe, pero enseguida quise aprender para tocar como él", recuerda hoy el Tano Marciello, primero fan y luego amigo y colega (también nativo de la zona Oeste, donde se sucedieron los hechos que construyeron este mito). En agosto de 1995, Willy Gardi murió en un accidente automovilístico. Si bien nunca gozó de un gran reconocimiento popular, sí logró calar hondo en el corazón de la escena pesada. Y más allá del género, fue un extraordinario violero capaz saltar del rock duro al flamenco, y de ahí a las baladas acústicas, sin perder calidad ni sentimiento.


42. León Gieco
Aunque toca con banda, en argentina nadie ha personificado la imagen del solista que sale al escenario acompañado por su guitarra acústica como León Gieco. A través de todas sus transformaciones, que incluyen desde la incorporación de diversas vertientes del folclore y la música latinoamericana hasta la invención del "rap agropecuario" ("Ojo con los Orozco"), León siempre mantuvo la guitarra acústica como el eje de su música, desde sus comienzos en 1973 -solista folk modelado sobre el ejemplo de su ídolo Bob Dylan, incluyendo el acompañamiento de la armónica- hasta el presente, convertido en uno de los cantantes y compositores populares más importantes de la música argentina. Los arreglos de la banda generalmente están concebidos alrededor de su guitarra, ya sea propulsando los temas con el incontenible empuje de su rasgueo con púa (con el que ha generado sus propias formas de acompañar una chacarera o un chamamé), hasta el intrincado estilo fingerpickin' que recorre desde tempranas canciones como "La colina sobre el terciopelo", hasta su versión de "La cigarra", la composición de María Elena Walsh que ha convertido en un himno.


43. Alambre González
Guitarrista de guitarristas, Daniel "Alambre" González es uno de los secretos mejor guardados del rock argentino. Sus colegas y amigos (Luis Salinas, Ricardo Mollo y la lista sigue) lo valoran como un verdadero talento, y algunos de ellos no dudan en señalarlo en su top 5 del rock argentino de todos los tiempos. Inseparable de sus exquisitos modelos sesentosos de Fender Stratocaster (una Surf Green del 60, una Olympic White del 61 y una Sunburst del 64), es dueño de un estilo personal con raíces fuertemente fijadas en el blues porque, para él, todo comenzó con Manal. "Los vi colgado desde una ventana en el Centro Montañés de Colegiales. Y en las diez cuadras que caminé volviendo a mi casa, me acuerdo que pensé: «Yo quiero ser eso». Después agarré mi guitarra criolla y le puse cuerdas de acero hasta que voló el puente a la mierda", recuerda Alambre como anécdota de iniciación. Dejó su huella en la primera formación de MAM, con Ricardo y Omar Mollo; y también en colaboraciones con Pappo y Divididos. Luego continuó con algunos proyectos personales (Alambre y la Doble Nelson, el más notorio). Sigue tocando por ahí, de vez en cuando, siempre deslumbrante e inspirador.


44. JAF
Juan Antonio Ferreyra, JAF, era un guitarrista del Oeste, de formación clásica en el blues y el rock & roll, poderosa garganta y look a lo Ian Gillan cuando el destino lo puso en el camino de Riff, a comienzos de 1985. Así pasó a integrar una nueva formación de ese grupo, con Pappo, Oscar Moro y Vitico, y se hizo escuchar al micrófono en una vibrante balada de su autoría, "Elena X", que abrió nuevos caminos para una de las bandas clave del rock pesado argentino. Aquello duró poco, pero le forjó a JAF un nombre y un lugar de respeto en la historia del rock local. Después, su carrera solista lo llevó a un terreno más soft, tiempo en el que cosechó el éxito de una impecable versión en español de "Wonderful Tonight" de Eric Clapton. Y de ahí volvió al clasicismo, sin perder una digitación precisa y cierta carga de emotividad: las dos cosas que lo distinguen al momento de tocar. "Es una de las mejores violas del rock y el blues, y además es el mejor vocalista", dice Adrián Barilari, cantante de Rata Blanca. "JAF tiene personalidad y estilo."


45. Fernando Kabusacki
El inabarcable curriculum del guitarrista rosarino Fernando Kabusacki incluye colaboraciones con Charly García, Juana Molina, Hermeto Pascoal, Liliana Herrero, Francisco Bochatón, Seiichi Yamamoto y Yuji Katsui (ente muchísimos otros músicos japoneses), María Gabriela Epumer, el Círculo de Guitarras de Buenos Aires, The League of Crafty Guitarists y la lista sigue. Sin embargo, eso no es lo único que justifica el término "inquieto" como el adjetivo más acertado para definirlo. En 1988, Kabusacki se instaló sin papeles en Londres para estudiar con Robert Fripp. Ahora, es instructor de su escuela (el Guitar Craft) y uno de los mejores discípulos del fundador de King Crimson. En las diferentes texturas de sonido que maneja (toca con acústica, eléctrica y sintetizada) y su particular afinación están las claves de su personalidad como instrumentista, que va de la sutileza al rock extremo. El guitarrista de Living Colour, Vernon Reid, lo definió como un violero de gran alcance: "Sus mejores virtudes son su humanidad y su claridad de visión", dijo.


46. Gustavo Ginoi
Perteneciente a la tercera generación del blues porteño, continuador del legado de la primera (Manal, Pappo's Blues) y la segunda (Memphis La Blusera), Gustavo Ginoi es uno de los fundadores de La Mississippi, y ha modelado con su trabajo los doce discos que lleva editados la banda en sus 24 años de historia. Guitarrista y compositor de muchos de sus temas junto con el cantante Ricardo Tapia, Ginoi, al contrario de otros instrumentistas del género, más propensos a la improvisación, es un cultor de la escuela del "solo preparado", esos que se convierten en parte inseparable de la canción, como queda de manifiesto en clásicos como "Un poco más", "Tus amigos" y "San Cayetano". Con un sonido definido y el toque justo de distorsión para conseguir a la vez agresión y dulzura (usa una Fernandes Strato con mics Texas Special), Ginoi condimenta en ocasiones sus solos con ingredientes jazzeros, producto de su formación musical, que incluye a Sarah Vaughan y Oscar Alemán a la vez que los grandes del blues.


47. Kay Galifi
Mucho antes de la aparición de Hendrix y la revalorización del blues, Kay Galifi ya era un guitarrista afinado en los sonidos del merseybeat, esos discos que llegaban primero al puerto de Rosario y que los marineros ingleses vendían como mercancía divina: "Kay se impregnó de estilos bien dirty como Dave Davies de The Kinks o más puros como Hilton Valentine de The Animals", cuenta Litto Nebbia sobre aquel estudiante de medicina que quemó sus libros y partió a Buenos Aires para escribir la leyenda de Los Gatos. Las marcas de Kay, silenciosas y depuradas, permanecen en tres discos en los que todo era novedad con herramientas mínimas: "En la época del primer lp, usaba una eléctrica italiana marca Eko. No se conseguía nada acá, y tener esa guitarra ya era como un lujo. Investigando descubrió que si pasaba la conexión de la guitarra por un viejo grabador a cinta Geloso, podía distorsionar el sonido; eso era un invento de Kay al que nosotros bautizamos como «el sonido palangana»". En 1969, Kay desapareció de la faz de la tierra. Años después, sus amigos supieron que dejó todo por un amor carioca y, más tarde, se convirtió en director de un conservatorio de Río. En 2007 formó parte del regreso de Los Gatos.


48. Cristian Aldana
Antes de ser lo que es hoy, músico de culto del rock local e importante dirigente en la Unión de Músicos Independientes (UMI), Cristian Aldana fue primero un niño obsesionado con la cantante rubia de ABBA y, luego, desde que The Cure llegó a su vida, un adolescente con guitarrazos en la cabeza. Pero su estilo como instrumentista es, en mayor medida, deudor de las tormentas eléctricas que los Pixies y Sonic Youth desataban en la frontera entre las décadas del 80 y 90, cuando armó una banda en Temperley y sumó a su hermana María Fernanda. "En la veta de Joey Santiago y Lee Ranaldo, Cristian maneja a la perfección el equilibrio entre la guitarra limpia y la distorsionada", dice Walas, cantante del grupo Massacre. "Incluso en una época recuerdo que usaba dos equipos juntos, uno para cada sonido." Así es como, desde el primero de sus quince discos con El Otro Yo, su estilo para tocar determina -con los vaivenes de sonido de su guitarra y sus aullidos- el gen distintivo de una banda con autonomía de vuelo.


49. Sarcófago
Pablo Cano es uno de esos guitarristas que pueden no lucir como virtuosos, por no ser exhibicionistas o pirotécnicos. Sacrificado guitarrista rítmico antes que gran ejecutante de solos, su versatilidad, sin embargo, le permite ir de la rabia punk de "Enlace" a la sutileza de los standards de jazz que toca hoy con Circo Paranoico, la continuación de los Ratones tras la partida de Juanse. En medio, Sarcófago acumula las máximas de la ortodoxia stone y un bagaje incalculable de música negra, absorbida desde adolescente en forma de discos de Muddy Waters, B.B. King, Chuck Berry y muchos más. Con él, Juanse sabía que el groove estaba asegurado y que podía dedicarse a volar, a embellecer la canción sin preocuparse demasiado por cuidar las formas. Más de una vez ratificó su pasión: "Si no hubiera sido guitarrista, sería un verdadero desastre; de hecho fracasé en todo o en lo muy poco que hice. Lo mío es esto y nada más, no cambiaría la guitarra por ninguna otra actividad". El oficio es, no hay duda, lo que lo define como guitarrista.


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Fuente: RollingStone Argentina.
Foto: Fabián Marelli.
Videos: YouTube.

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