Los 100 mejores guitarristas argentinos: del 11 al 29

Seguimos con el listado con los más grandes violeros de nuestra historia: Edelmiro Molinari por Carca, el Negro García López, Walter Giardino y más; mirá los puestos y opiná.

 El Negro García López en el Gran Rex, 1989.

11. Edelmiro Molinari por Carca
Tuve la suerte de nacer en la misma tierra de este gitano loco, magistral y único. Quizás el creador del primer track estrictamente psicodélico made in Argentina ("Color humano"). Y también (confirmado) autor e intérprete de la primera grabación con guitarra slide y afinación del Mississippi ("Amor de aire"). Si Lebón fue el único de estas tierras que se maravilló con el primer Elton John, Molinari fue el único guitarrista que en ese primigenio rock argentino se dejó atravesar por el zumbido del Crosby más ácido, sin dejar de lado la idiosincrasia rutera del Stephen Stills circa Manassas. Nos dejó cuando ya no hubo nada más que hacer acá. Mahavishnu, L. A. y la huella del Dios Hendrix lo mantuvieron ocupado, hasta que -como ya nos demostrara en Color Humano- volvió para enseñarnos cómo un cantautor egregio de la guitarra también puede ser un excelso productor. Maestro conmovedor en cada una de esas notas benditas que nos revelan que el paraíso existe en sus manos, en su corazón. Larga vida al sol escuchando a Edelmiro, dejándonos alcanzar por sus flechas embebidas en delirio y sus riffs intrínsecos, libertinos, apabullantes. Somos víctimas en su coto de caza, eternos alumnos de su luz.


12. Carlos García López
Único guitarrista que, con intermitencias, acompañó a Charly García en su derrotero solista en los 80, en los 90 y también en los 2000, Carlos "el Negro" García López había pasado antes por La Torre y la banda de Miguel Mateos. Capaz de encender el fuego rockero con el riff de "Cerca de la revolución" y continuar con un solo hendrixiano (chequear el Concierto subacuático de Vélez), también ha entregado performances llenas de sutileza y gracia: pensar, si no, en el repiqueteo agudo de la intro de "Fanky", de Cómo conseguir chicas (1989), un motivo casi minimalista que se repite hasta configurar la columna vertebral del tema. Como solista, en su álbum Esta vez invita el Negro contó con invitados de la talla de García, David Lebón, Juanse y Pity Alvarez. "Su estilo es una mezcla de elegancia y salvajismo, que encaja justo en la música de Charly", dice el guitarrista Baltasar Comotto. "El Negro aporta una sonoridad incendiaria muy característica del rock nacional. Su sonido es desgarrador, y su audio denso y explosivo."


13. Kubero Díaz
Como Pappo, Claudio Gabis y Edelmiro Molinari, Kubero Díaz es uno de los guitarristas originales del rock argentino. Con un perfil público más bajo (vivió muchos años fuera del país) y con Hendrix como influencia, fue el artífice principal de una maravilla de la temprana psicodelia: el álbum de 1971 de la agrupación platense La Cofradía de la Flor Solar. Por esos días, fue la principal inspiración de un jovencísimo Skay Beilinson. Luego Kubero ingresó en La Pesada del Rock and Roll, grupo con el que grabó su único álbum solista (participó en los discos individuales de Claudio Gabis y Alejandro Medina). Sus colaboraciones con Miguel Cantilo incluyen el clásico Conesa, de Pedro y Pablo, y el sucesor, Apóstoles. También trabajó con Miguel Abuelo (que le dedicó la canción "Días de Kuberito Díaz"), en un trío que integraron en Ibiza con Cantilo, y posteriormente en la última formación de Los Abuelos de la Nada. Su fraseo trasciende la pentatónica blusera para edificar un sonido dulce y melódico, cuyo mejor ejemplo probablemente sea el solo de "Padre Francisco" en Conesa. Actualmente puede escuchárselo en la banda de León Gieco, y al frente de su propio grupo, el KubeDíaz Trío.


14. Walter Giardino por Patricio Sardelli de Airbag
Cuando recien empezaba con la guitarra, a eso de los 13 o 14 años, alguien estaba haciendo zapping en mi casa y justo estaban pasando un recital de Rata Blanca. El tema que tocaban era "El sueño de la gitana", y yo todavía no tenía idea de lo que estaba viendo, pero me quedé paralizado. Así descubrí a Walter Giardino.


Su mayor virtud es que, pese a haber desarrollado una técnica altísima, cuando tiene que hacer un blues toca una sola nota y te rompe la cabeza. Su más clara influencia es Ritchie Blackmore: nadie toca sus temas como él. Y también es increíble cómo traduce la música clásica de compositores como Bach o Vivaldi a la guitarra, rasgo que se nota mucho en Magos, espadas y rosas. El solo de "La leyenda del hada y el mago" es uno de los mejores de la historia del rock de habla hispana.

Cuando tuve oportunidad de tocar con él fue muy especial para mí, porque estaba compartiendo escenario con mi ídolo y porque tuvo la mejor onda. Le pesqué unos yeites, unos arpegios imposibles. Si pensamos en héroes de la guitarra, para mí es el número 1 de América latina.



15. Ariel Minimal
El síntoma guitarrero de Ariel Minimal es un furioso estallido punk, de ahí viene y se expande a pesar de sus múltiples vidas como violero espasmódico al frente de Pez, ese edificio porteño cual Marshall sin ventanas que crece en el barrio de Almagro. Hombre esponja, todo lo absorbe y lo convierte en hiperactividad: desde los días clandestinos (Descontrol, Los Minimals) hasta su etapa Madchester (Martes Menta) o el interregno tanguero-rioplatense (Fabulosos Cadillacs), Minimal es pura fibra al servicio de un riff valvular siempre rabioso y punk. Le sobra destreza cuando interviene en el mundo acústico (Flopa-Manza-Minimal) y el blues rock (Litto Nebbia y La Luz) y escapa de las clasificaciones como sus héroes: Frank Zappa, Edelmiro Molinari, Jerry Garcia. No abandona la Gibson Les Paul Custom, pero es fanático de los modelos a medida que realiza el maestro Ezequiel Galasso. Perfil bajo y mala onda cada vez que pide que lo escuchen, casi un modo de seguir siendo punk en un espacio regulado.




16. Mariano Roger
"Para mí es más trascendente el momento de sacarle algo a una canción que el de seguir grabándole cosas encima", decía el guitarrista de Babasónicos con motivo de la salida de A propósito (2011), y en esa declaración se revela una de las claves de su estilo: la sutileza. Lejos del perfil de virtuoso que su trayectoria supone (a lo largo de dos décadas, se paseó por el pop, el rock, el funk, el metal y la electrónica), su versatilidad no se sostiene tanto en capacidades técnicas como en la seguridad con la que logra plasmar una gran intuición musical, habilidad que lo convirtió en uno de los principales compositores del grupo, y también en una especie de segunda voz solista de la banda en baladas cósmicas como "Tóxica" y "Sensacional". "Mariano tiene una lectura siempre muy al día de lo clásico, pero su mayor virtud es la convicción a la hora de componer, arreglar e interpretar: no necesita caer en los clichés de otros, porque se anima a crear los suyos propios", dice Tuta Torres, actual bajista en vivo de Babasónicos.




17. Richard Coleman
"No toco rápido." Coleman define por defecto su perfil como violero. Trabajador y perfeccionista, el hombre de negro detrás de Fricción y Los 7 Delfines pertenece a la generación de cambio que durante los 80 se reveló contra los dictados virtuosos. "Cuando escuché Zenyattà Mondatta [The Police] encontré otra cosa, porque el sonido de la guitarra era muy cercano, abierta de acordes, con eco, con delays, y Andy Summers tocaba rítmica. Eran estructuras armónicas y me sentí muy identificado: era posible tocar así." Además de Summers, las influencias de Coleman incluyen a Robert Fripp, Steve Hackett, David Gilmour, Allan Holdsworth, Pat Metheny, Adrian Belew, Phil Manzanera y Neil Young. Pero la mayor influencia es doméstica: "Cuando empezamos a tocar con Ulises Butrón y Gustavo Cerati, todo era intercambio. Nos mostrábamos lo que sabíamos, nos prestábamos los pedales...". No es casual que ellos definieran el sonido de guitarra de una década que encontró en la new wave y el post-punk un motor de cambio.




18. Botafogo por Ciro Fogliatta
En un solo hay toda una canción que no está escrita y que, además de las notas que mezclás, tiene particularidades como el ataque, el desarrollo y la definición. Tocar un solo es como componer una canción en el momento, en movimiento, y tiene que tener belleza. Y Botafogo es un maestro en eso. En sus solos siempre me impresiona la fuerza, la inspiración, el estilo. Es un guitarrista extremadamente completo, tiene solos de slide que son verdaderamente únicos. Es un gran conocedor del blues y del rock, domina muchos tipos de guitarras y afinaciones diferentes, y es alguien que se ha dedicado a estudiar en serio la guitarra: escribió libros, enseña.


Además, tiene un estilo argentino, si es que existe tal cosa. No exactamente por las notas que elige, ya que el blues es universal. Lo que lo hace naturalmente local es haber tocado y compuesto toda su obra acá: eso le da una particularidad que Pappo también tenía. De hecho, tocaron juntos mucho tiempo, admirando a los mismos guitarristas. Dentro del blues toca todos los estilos: con los dedos, estilo delta, blues moderno. Y, como los antiguos, toca y canta al mismo tiempo.



19. Gustavo Bazterrica
"El vasco es un rey rockero de los acordes, que compone las guitarras solistas y las secuencias como estructuras arquitectónicas sensibles", dice Andrés Calamaro sobre su camarada de Los Abuelos de la Nada, aquella bandera del rock latino de los 80: sensual, bailable, apasionado. Antes de esa epopeya teñida de éxito y excesos, Bazterrica ya merecía un lugar en el podio de los mejores por las guitarras del debut homónimo de La Máquina de Hacer Pájaros, de 1976: como un jugador de toda la cancha, el precoz violero pasaba del sinfonismo a la leyenda urbana proyectando escalas imposibles a la sombra de un Charly García todopoderoso. Allí surgen esas finas cuerdas rioplatenses, desde "Hipercandombe" hasta "No se desesperen", con esa misma distinción que cautivó a Spinetta para incluirlo como único representante nacional a participar en Los Angeles de la grabación de Only Love Can Sustain, en 1979. Según Calamaro, Bazterrica tiene "cualidades especiales para la enseñanza". Bajo su tutela estuvieron Juanse, Oscar Righi y Fabiana Cantilo.




20. Dante Spinetta
"cuando era chico, mi viejo me mostraba a Jimi Hendrix y me decía: «Dante, este Jimi es el dios de la guitarra»", dice Dante Spinetta, primogénito de Luis Alberto y mitad de Illya Kuryaki, que se fanatizó con el instrumento durante grabación del segundo disco de IKV, Horno para calentar los mares (1992), a los 15 años. "Fijate cómo mi viejo me inculcó a Jimi desde muy chico hasta que, en un momento, eso se despertó." Tomó un par de clases con Guillermo Arrom, pero -tal como su padre- tuvo una formación autodidacta. Intuitivo y versátil, Dante evolucionó fusionando a Hendrix con sus otras dos mayores influencias: Santana y Prince. Capaz de ir del rock progresivo al funk (toca talk box en Versus de IKV y en Pyramide, de su carrera solista), Dante volvió a la guitarra en Elevado (2002), para luego abandonarla, focalizado en construir una carrera como beatmaker y MC. Pero tras la muerte de su padre a comienzos de 2012, la retomó con el regreso de IKV al estudio, ahora convertido en un soleador épico.




21. Moris
Aunque la imagen que dejo estampada en el imaginario es la del trovador urbano, Moris también fue un influyente pionero de la guitarra de rock en América latina. En el verano de 1965, en el Juan Sebastián Bar de Villa Gesell, alumbró el nuevo camino frente a unos pocos privilegiados con una estereofónica muy sofisticada para la época. "Tenía dos pastillas, una la mandaba a los graves y otra a los agudos. También tenía dos equipos; uno grande, enorme, por donde salían los graves", contó en una entrevista con Rolling Stone publicada en enero de 2012. Moris siempre puso el acento en la canción entendida como un todo, y nunca buscó específicamente el lucimiento del solo. Después de inaugurar el rock en castellano con Los Beatniks, en su debut solista (el notable 30 minutos de vida, con Claudio Gabis como escudero) amplió su abanico guitarrístico al talking blues vía Bob Dylan, las improvisaciones del jazz, el bolero, el tango y Tom Jobim. Una colección de futuros clásicos de fogón. Pero su fascinación por el rock & roll primigenio, con Bill Haley, Carl Perkins, Elvis Presley (junto a Scotty Moore) y Chuck Berry a la cabeza, marcó a fuego su período rockabillesco español, que se prolongó hasta mediados de los 80.




22. Pablo Mondello
De formación autodidacta, Pablo Mondello, conocido por los fans de Massacre como Pablo M o El Tordo (por su título universitario de médico psiquiatra), comenzó a tocar "de grande", a los 14 años. Dio sus primeros pasos como guitarrista de heavy-metal y llevó ese sonido furioso a Massacre Palestina, logrando absorber y sintetizar el punk, el skate-rock y luego el rock estadounidense, británico y la psicodelia, sonidos con los que la banda de Walas se fue envolviendo desde mediados de los 80 hasta entrados los 90. "Dejé de tocar heavy porque todos los temas tenían que tener un solo y yo decía: «No, para qué, si no hace falta»", dijo Mondello a Rolling Stone. Refinado guitarrista atmosférico y profesional de los pedales de efectos, su estilo se basa en combinar una delicada sensibilidad para crear decorados musicales de tonos cinematográficos, y además puntear como si sólo para eso hubieran sido hechos sus dedos. Rara cruza de shoegazer y súper guitarrista, empezó con una Fender LD 2 para luego pasarse a Paul Reed Smith, guitarras de las que es fanático. "La guitarra es una filosofía para él. Es su forma de vivir", dice Fico, compañero y ex asistente de Pablo en Massacre. "Tiene dedos de oro."




23. Gabriel Carámbula
Las ventajas de crecer con un genio. El pequeño Gabriel tenía un espejo de lujo: su papá Berugo, tan buen violero como comediante (su disco Solo de guitarra de 1976, editado antes de hacerse famoso en la televisión argentina, es uno de los secretos mejor guardados de la música rioplatense). Por eso, a los 15 años ya tenía resto para andar jugando al rock & roll junto a otro hijo de un músico talentoso, Juan Sebastián Gutierréz. La banda que armaron Juanse y Carámbula primero se llamó La Puñalada Amistosa y luego se transformó, en la segunda mitad de los 80, en Los Ratones Paranoicos. Las diferencias musicales entre ellos marcaron la partida de Gabriel de la banda. Luego participaría en decenas de proyectos exitosos dentro del rock nacional de fines de los 80 y comienzos de los 90 (tocó en varios discos de Fabiana Cantilo y de Fito Páez, entre ellos Ciudad de pobres corazones y El amor después del amor) y probaría el éxito masivo por las suyas, con su grupo de pop stone Los Perros y su versión en castellano de "Bajo la rambla", que se convirtió en hit radial de alto alcance. Durante la última década editó discos como solista, siempre guiado por el sonido de su guitarra de raíces bluseras y espíritu callejero.




24. Germán Daffunchio
"Do it yourself", el grito libertario del punk y arma secreta que Luca Prodan expandió, transformó a muchos dentro del rock argentino. Pero es Germán Daffunchio el mejor intérprete de esa filosofía de riesgo. Innovador y dueño de muchas de las claves de acceso al universo Sumo, el violero tímido -solía tocar de espaldas en los primeros tiempos- podía ser noise cuando nadie era sónico ("De be de"), introducir como un pionero local el modo sincopado del reggae ("Breaking Away") o inventar orquestaciones dark ("Night & Day"). Todo Corpiños en la madrugada, cuando Sumo tenía un solo guitarrista, es un manual de estilo para pensar la guitarra como una fuente de interferencias. Luego, ya con Ricardo Mollo en la banda, prevaleció el perfil bajo, pero la orquesta invisible seguía sonando desde sus manos. Con Las Pelotas llegó el equilibrio. Permanece el compositor de grandes melodías, con esa rara virtud de no destacarse por encima del grupo a pesar de tantos himnos para guitarra.




25. Juanse
El papel de Juanse como violero ha quedado opacado por su rol de frontman, por la aparente simplicidad de su sonido stone y por el trabajo de su ladero Sarcófago. Pero detrás de las inconfundibles figuras del guitarrista, muchas veces con afinaciones abiertas, el líder paranoico excede lo puramente rítmico y se dedica a tejer una red de riffs complementarios, al estilo de una primera guitarra bis. "Me preocupa mucho que estén explícitas las cosas que después de mucho ensayo logramos con Sarco", dijo alguna vez Juanse. Gustavo Gauvry, histórico productor y fundador del estudio Del Cielito, le da la razón: "Era obsesivo y controlador, estaba encima de cada detalle". Juanse, que hasta la disolución de los Ratones se jactó de "dominar extraordinariamente bien el arte de los tres tonos", mantuvo esa idea de interacción en Baldíos lunares, su disco solista más reciente, que fue presentado en vivo con una formación de tres guitarras. No es casual que Pappo los haya elegido a él y a Botafogo como compañeros de armas en su última etapa en vivo.




26. Baltasar Comotto
"Mi mayor virtud como guitarrista es adaptarme a distintos contextos sonoros", le explicaba Baltasar Comotto a Rolling Stone en 2008. Por ese entonces, ya había tocado (y grabado) con Luis Alberto Spinetta y era miembro de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda del Indio Solari en su etapa solista (donde hasta hoy conforma un poderoso tándem de guitarras junto a Gaspar Benegas). Y aunque el estilo incendiario de Hendrix funciona como uno de sus faros estéticos, Comotto combina las influencias crudas de Steve Jones (Sex Pistols) y Mick Jones (The Clash) con el imaginario jazzero del trompetista Miles Davis, y domina con fluidez el lenguaje del soul y el funk en sus solos. "El solo es un placer interno, una cuestión religiosa", explica. "Mis experiencias musicales siempre fueron por ese lado: buscar un nivel emocional diferente del contexto establecido de músicas o de tendencias. Lo que busco es una experiencia propia, por eso siempre me vinculé con tantos músicos."





27. Mariano Martínez por Hernán Valente de Cadena Perpetua
En mi casa, cuando era chico, me encerraba en mi cuarto horas y horas tratando de hacer sonar mi guitarra como la de Mariano Martínez en Dulce Navidad, el álbum de Attaque 77 que más me gusta y uno de los discos que más escuché en mi vida. Aprendí a tocar zapando arriba de esos temas y otros de los Ramones. Me acuerdo que el primero que saqué fue "Caminando por el Microcentro", el que habla de Edda Bustamante. Me volvía loco, todavía ni sabía que existía la distorsión. Y cuando tuve mi primer pedal, un Peabody (tener un Marshall era un lujo imposible), me obsesioné tratando de tener un sonido parecido al de ese disco.


Me encanta el sello personal que le pone Mariano a su guitarra. Su gran talento es hacer arreglos que, en general, no se parecen a nada que se haya hecho antes en el mundo del punk. Se trata de algo que supera la técnica y el virtuosismo. Eso fue lo que siempre me deslumbró de su forma de tocar. Además, más allá de tener dos guitarristas (antes con Ciro Pertusi), históricamente el sonido de la guitarra Mariano siempre estuvo bien al frente.



28. Gabriel Jolivet
En su guitarra de profundidad blusera y cadencia del más puro rock & roll, se apoyó Skay Beilinson para construir los riffs con los que los Redondos levantaron vuelo en sus shows de Racing en 1998. Pero Gabriel "Conejo" Jolivet también dejó impresa su huella en el slide rabioso que partió al medio "La bestia pop". "Skay fue muy generoso en darme muchos solos", dice el violero que, dos décadas antes, ya los había acompañado en su debut porteño. Con Tao de King, además, grabó su propia versión de "Tarea fina". Jolivet también pasó por las filas de Pappo's Blues, le dijo que no a Pappo cuando lo invitó a sumarse a Riff y luego lo acompañó en los fructíferos tiempos de Blues local. Con su banda Dulces 16, logró capitalizar a comienzos de los 80 las enseñanzas del legendario León "El Blusero" en la Blues Banda. Entre el boogie woogie y la influencia de Johnny Winter, con los Dulces alcanzó su mayor rendimiento a partir de temas como "Para tocar rock & roll". "Cuando toco, es como si pasara a través de mí una fuerza que viene de otro lado", dice Jolivet. "Uno es un canal a algo, que puede ser el universo o, si sos creyente, Dios."




29. Fernando Ruiz Díaz
El líder de Catupecu Machu es una bomba que a veces estalla y otras veces late y amenaza desde las sombras. Por un lado es ese frontman arrasador que dispara riffs eléctricos (o electrónicos, porque aunque arrancó en el rock de pura sangre, su guitarra llegó a sonar cercana a la de Trent Reznor en sus discos más experimentales) y arenga al pogo frenético en temas de pulso hardcore como "Dale" o el hit supersónico "Y lo que quiero es que pises sin el suelo". Por el otro, es un hábil ejecutante de guitarra con cuerdas de nylon (más explícitamente en Laberintos entre aristas y dialectos, pero también muy presente en Simetría de Moebius) que, lejos de transmitir sosiego fogonero, baña el ambiente de una oscurísima calma introspectiva. El mismo se atribuyó alguna vez un estilo percusivo para tocar la guitarra: ya al componer, su acústica marca el ritmo que luego harán el bajo y la batería, lo cual explica esa marcha marcial que caracteriza a buena parte de la obra de Catupecu. ¿Su tema de guitarra favorito? "Helter Skelter" de los Beatles.




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Fuente: RollingStone Argentina.
Foto: Fernando Dvoskin
Videos: YouTube.

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